Natalia J.
Me encanta cuando encuentro algo que mis hijos disfrutan y que, al mismo tiempo, les propone hacer algo por sí mismos. Con Crealo no reciben una construcción terminada: tienen que imaginarla, pensar cómo hacerla y poner manos a la obra.
Mi hijo puede pasar un buen rato trabajando en una idea y después llamarnos para mostrarnos el resultado. Lo divertido es que una construcción nunca queda necesariamente terminada para siempre. Puede modificarla, agregarle partes o desarmarla para empezar otra cosa.
También nos dio una buena excusa para guardar cajas de cartón que antes tirábamos. Ahora muchas veces las ven y ya empiezan a pensar qué podrían inventar.
Es de esos juegos que permiten acompañar la curiosidad natural de los chicos. No hace falta que cada creación sea perfecta; lo importante es que disfruten el proceso y tengan ganas de seguir probando.










